Y, como diría un carnavalero, “éramos pocos y parió la abuela”. Y es que el carnaval, su artesanía, no está siendo ajena a la pretendida ‘incursión’ de la última de las herramientas para ‘todo’. Hablamos de la inteligencia artificial y de su influencia en un sector que, como defiende el sello ‘ARTESANÍA DE ANDALUCÍA’, “está basado en el dominio o conocimiento de técnicas tradicionales o especiales en la selección y tratamiento de materias primas”.
Calificada por muchos como una herramienta colaborativa en la co-creación de obras, facilitando la creación de imágenes, diseños y patrones que hasta hace poco solo podían concebirse mediante técnicas manuales, la inteligencia artificial ya está causando auténticos quebraderos de cabeza entre los artesanos; trinchera de lo auténtico.
Ya lo advertía el pasodoble de la chirigota de El Selu ‘Que ni hambre las vamo a senti’: “Ay que no admite porfía. Que la inteligencia artificial, que es la que más sabe del mundo y no admite porfía. Lo que nunca va a aprender es a cantar por alegrías… Maldita la ciencia. Muchas cosas artificiales y muy poca inteligencia”.
“Las nuevas tecnologías están haciendo mucho daño, concretamente la inteligencia artificial”, avisa Manuel Sánchez, gerente de Imaginarte. “Ahora te vienen muchas agrupaciones con una imagen y te dicen: ‘Quiero esto’. Obviamente, se trata de escenografías, en su mayoría, totalmente irrealizables, ya que, de desarrollarlas, el coste sería muy alto y ya sabemos lo cortito de presupuesto que van la mayoría de las agrupaciones”. “Se trata de pretendidas escenografías que, ni mucho menos, están escaladas al escenario del Gran Teatro Falla”.
“En mi opinión”, subraya, “a nuestra artesanía, mayoritariamente, le está perjudicando, aunque es verdad que tiene sus cosas buenas y malas”. “Sabiéndola utilizar”, apunta, “tiene sus cosas buenas, pero, sobre todo, perjudica porque genera a las agrupaciones unas perspectivas de diseños que no son realizables y, de serlo, serían muy costosas”.