Cádiz

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Cuando hablen de mí, no los olviden

Ellos, los artesanos de mi carnaval, son ‘guardianes’  de la creatividad, talento y pasión que, llegado este tiempo de coplas, me hace aún más universal 

Llega febrero y un año más, con la misma emoción y pasión de siempre, en mi casco histórico, noto los pálpitos, intensos y emocionados, de uno de esos lugares sin los que sería imposible entender mi historia, la de la ciudad poblada más antigua de Occidente.       

De nuevo, gaditanos y gaditanas (mis pobladores), cual liturgia, conducen sus pasos al ‘sagrado Templo de los ladrillos coloraos’ para, desde su escenario, lanzar al mundo sus certidumbres e incertidumbres, sus alegrías y tristezas, ‘armados hasta los dientes’ de coplas, tipos, escenografías y caracterizaciones.      

 No es nada nuevo ni fortuito, con ello dan continuidad a una expresión artística y artesanal muy particular. Una forma de entender, reflejar y contar la vida, sus valles y aristas, que se ha ido forjando a través de los siglos.      

Tiempo, con sus huellas, que se remonta tres mil años atrás, dando fe de que la artesanía, como tantas otras expresiones artísticas gaditanas, también las de mi  carnaval, ni es casual ni pertenece a ‘nadie’.        

Mucho más allá, es reflejo de nuestra cultura e identidad milenaria, esa que hace más de tres mil años gestaron mis ‘padres’, los fenicios (1.100 años antes de Cristo), y  continuaron enriqueciendo otras muchas civilizaciones.    


Sus raíces se remontan siglos, miles de años atrás

Ya lo cantaron y contaron agrupaciones como ‘El ángel de Cádiz’, comparsa de Tino Tovar: “Que va por ustedes. Hay no me digas que Cádiz no tiene duende, sentrañas mías. Que hace ya tres mil años que aquí se daban vueltecitas por bulerías. Me lo contó uno que había en Cai con mucho arte. Y yo aquí se lo cuento, pa que usted entienda. Nuestro carácter, nuestro talante ¿Tú comprendes? Cádiz de contrastes. Que me matas y por ti muero. Cádiz tres mil años y viviendo con lo puesto”.

Ella, la artesanía, al igual que el comercio, la literatura, el pensamiento, la pintura,  la escultura, el teatro..., fue uno de los pilares de mi nacimiento, de la de entonces Gadir (Erytheia, Antípolis y Kotinousa); lugar cercado o fortificado que se convirtió en ‘joyero’ , ese que no ha dejado enriquecer su cultura y al que, cual espejo,  hace dos años (2024), hacía referencia la comparsa de David Márquez  (letra y música) y Rafael Velázquez Jones (dirección) en este inolvidable pasodoble:      

“Cuentan que había un joyero, y un tesoro contenía. Que a su lado todo el oro y los diamantes parecían bisutería, bisutería, bisutería. Lleno de piedras preciosas, lleno de perlas bonitas, de joyas maravillosas y siempre una musiquita con cinco letras grabadas”    

 “El orfebre que lo hizo lo pensó pa que guardara el paraíso. Y entre el corinto terciopelo, brilla su sala claridad... Y mire pa donde mire, un tesoro tiene usted...”      

“Y Cádiz es como una orquesta, que en un sol mayor canta la obra maestra de un arte menor...” 

Joyero, el ‘dibujado por mis murallas y mar, que a lo largo de años, décadas, se ha ido ‘alimentando’ con ‘ponientes’ y ‘levantes’, con coplas, pero también con tipos, escenografías y caracterizaciones de las que yo, mis rincones, alegrías y desvelos hemos sido protagonistas. 

¡Qué le pregunten a mi Caleta, mi barrio de La Viña, mi Castillo de San Sebastián, mi Campo del Sur, mi calle La Palma, mis Puertas de Tierra... si miento!     

Ellos y tantos otros lugares sin los que es imposible entender mi caminar a través de los siglos han sido evocados, ensalzados y homenajeados  a través de sus creaciones por artesanos de la talla y el recuerdo de Manuel Peinado, Antonio Accame Scassi, Manuel Sánchez Parra, Pepe Berenguer, Manuel Sánchez...     

De ahí que, cuando hablen de mí, de mi historia, de lo aportado a través de los siglos, no se olviden de ellos, de los artesanos de mi carnaval. Ellos, junto a agrupaciones, autores, músicos.., han logrado que yo tenga el honor de atesorar una de las fiestas más universales que existen.